Perdona pero quiero casarme contigo porque eres el hombre que me trajo la felicidad eterna a mi vida. No, eso no. Perdona pero quiero casarme contigo porque eres el hombre que se que necesito el resto de mis días. No, eso tampoco. Estela intentaba encontrar la manera de decirle a Jose que se casara con ella, pero hablar de amor no resultaba tan sencillo.
Habían vivido diez años de su vida maravillosos. Jamás se habían peleado hasta el punto de separarse, no les hacía falta. Cuando comenzaban una riña, acababan riéndose de las estupideces que se decían. Jose era distinto a todo aquél hombre que Estela había conocido,pero ¿Cómo decirle que se casase con ella?
Escuchó unos ruidos y se giró y ahí estaba él, observándola con los ojos muy abiertos.
- ¿Desde cuando estás ahí amor?
- Acabo de llegar. ¿Qué hacías ahí parada?
- Pensar en un deseo, y se ha cumplido.
- ¿Ah sí? Ya me has pillado.
De pronto Jose se da la vuelta y aparece con él un ramo de rosas negras de las que a ella tantísimo le gustan.
Éstas rosas negras caen al suelo ya que Estela se tira encima de Jose y comienza a besarlo.
- Ves, una de las razones por las que se que eres el hombre de mi vida. Te quedas hasta con los pequeños detalles.
- Pero ahí no acaba la cosa...
Jose hace gesto de agacharse, pero Estela le para.
- Tengo reservado un viaje para los dos,solo para tí y para mí. Nuestro avión sale ya. ¿Qué me dices Jose?
- Tenía algo importante que decirte...
- Confía en mí y este viaje será más importante que lo que tengas que decirme.
- Muy bien,pues.. ¿A qué esperamos?
Entre vuelos e historias, acabaron en Islandia. Islandia era el lugar donde Estela quería vivir, quería casarse, incluso quería morir. Jose era un amante de la fotografía y los paisajes que Islandia le ofrecía hacía que fuese un lugar maravilloso para ambos.
Nada más aterrizar el avión, Estela llevó a Jose al paisaje que siempre había deseado visualizar. Consistía en una serie de cascadas en las que encontrabas la paz que la ciudad donde vivías no te dejaba tener.
Allí Estela se puso detrás de Jose, y le cantó al oido la canción que ella misma cantó en aquél karaoke donde se conocieron. Una canción que hablaba de un amor prohibido, un amor lejano. Él, entre el paisaje y que adoraba la voz de Estela, se echó a llorar. De pronto Estela se puso frente a él.
- He intentado buscar la manera correcta, pero ahora mirando a tus ojos se cuál es. Quiero que me perdones. Perdona pero quiero casarme contigo porque en tus ojos puedo descubrir el mundo que nadie más sabe ofrecerme. Quiero que me perdones porque quiero casarme contigo y hacerte el hombre más feliz de todo el universo. Y sobretodo... quiero que me perdones pero estoy locamente enamorada de tí, y se que tú lo estás de mí, pero te debo esto. Te lo mereces.
De pronto, la gente que había en las cascadas junto a ellos sacaron unas cartulinas. Una con cada letra. El mensaje decía: "Jose, quiero llegar a tocar el cielo contigo. ¿Me dejas?"
Él no sabía que hacer. No dejaba de llorar de la emoción. Recordaba cómo la conoció y desde el primer momento ella fué así con él, no se ocultó. Ella creía en el amor, pero no creía lo que el resto contaba. No era el hombre quién tenía que pedir matrimonio, sino que ambos podían hacerlo. Y así se lo estaba demostrando.
Jose miró a Estela y le dijo:
- Ves, estas cosas son las que me hacen estar cada día más enamorado de tí y no querer perderte jamás. Claro que quiero casarme contigo, pero eso sí, tú me has pedido matrimonio pero la boda la organizamos entre los dos. ¿Vale romántica?
Y allí, olvidaron el paisaje que siempre habían deseado ver para regalarse uno de esos maravillosos besos que a partir de ese día podrían darse millones de veces.
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